CRÍTICA SOCIAL

La programación de la televisión era tan soporífera como siempre, la tele basura amenazaba los propios cimientos de la sociedad, y la juventud perdía todo referente válido, nunca se vió en la juventud tal carencia de valores y tanta violencia. Ya no llegaba con pegar palizas a compañeros, profesores o mendigos, sino que el grabar estas en el móvil y colgarlas en Internet era la máxima aspiración de muchos. La televisión había pasado de los dos rombos por un simple destape a abrir el telediario de las 15:00 con miembros mutilados y matanzas en directo en cualquier país en el que el odio incrustado en la sociedad fomentaba constantemente barbaridades semejantes.

A los famosos por el trabajo de todo una vida les salían competidores de nuevas figuras creadas por el poderoso marketing de las grandes productoras, que bajo el pretexto de concursos, creaban de la nada personajes populares que llenaban la pantalla e invadían nuestras casas vendiéndonos, en el mejor de los casos, canciones copiadas a famosos, o en el peor, las miserias en directo de la personalidad de unos pobres muchachos que con la ilusión de poder salir adelante se agarran al clavo ardiendo de la tele basura.

En un país en el que la incultura había campado durante siglos a sus anchas, se empezó a inculcar la necesidad de realizar estudios superiores a más jóvenes de los que podía absorber el mercado de trabajo, creando unas expectativas de bienestar que acaban estrellándose en muchos casos con contratos de mil euros o becas de baja remuneración que no permiten ni la emancipación ni la realización de las propias expectativas, por otra parte el marketing que nos quiere hacer ver una imagen de éxito en el consumo de determinados productos de alto coste, fomenta que los progenitores, ejerzan en muchos casos presión social sobres sus vástagos al considerar el trabajo a los 18 años, en muchos casos un síntoma de fracaso. El desastre no podía haber sido peor. En una Universidad, desconectada en muchas titulaciones del mercado laboral, la salida en masa de jóvenes preparados como nunca hacía que abogados, economistas, filólogos, etc. tengan que trabajar en cualquier trabajo en el que el nivel máximo exigible seria la E.S.O., encontrándose aun por encima con un exceso de formación que los discrimina de los trabajos de baja calificación.

El “fracaso” de estos jóvenes debería hacernos reflexionar sobre los cimientos de nuestra sociedad, la educación y los valores que inculcamos a la juventud.

Comentarios

Silvia AG ha dicho que…
Pues sí, tienes razón. En nuestra mano está. Saludos

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